Os dejo un texto para conocer un poco la historia del movimiento autónomo en Euskal Herria, su ideología, la aparición de los Comandos Autónomos Anticapitalistas y sus divergencias con ETA, el MLNV, y su estrategia política.
1968-1977: ACTORES DIRECTAMENTE INMERSOS EN LA LUCHA
DE MASAS
Comencemos
por 1968. En España Franco todavía estaba en el poder. Las luchas obreras de
extendían en las fabricas; l*s vasc*s, perdedor*s en la guerra civil, iban
levantando cabeza; todo el mundo se unía contra la represión y aumentaba la
conciencia revolucionaria. Entre nuestr*s protagonistas, hay claras
motivaciones básicas. Much*s recibieron en la fábrica su primera experiencia
organizativa, sus primeras luchas, sus primeras energías desatadas; much*s son
euskaltzales (del movimiento pro-euskara), y realmente eso es una constante
entre l*s autonom*s. Otr*s, por su parte, empiezan en ETA o en movimientos
cercanos. Un*s poc*s provienen del anarquismo clásico. A fin de cuentas, y
salvando las excepciones, la Autonomía encontró su terreno en Euskadi, siendo
ésta como era una nación dominada; la Autonomía ha luchado por la libertad de
l*s trabajador*s de Euskadi, y para fortalecer esa libertad creyó en un único
proceso: en aquel que trae consigo la revolución social y la independencia sin
Estado. En las luchas contra el Consejo de Guerra de Burgos (1970) encontraron
la oportunidad autogestionaria de unir todos los frentes. En fabricas, barrios,
etc. se hicieron asambleas y la lucha de la calle fue el paso siguiente natural
a esas
asambleas. Sin estrategias predeterminadas de arriba, el propio pueblo
encontró el camino. Esa experiencia no se olvida. En ese anhelo de libertad se
fueron multiplicando las luchas tanto en las fabricas como en los barrios y en
los movimientos sociales. Para encontrar hay que buscar. Después de trabajar
sin cesar durante dos o tres años, quedan fortalecidas en practicas sociales
bastante asentadas las luchas populares mas vivas que se desarrollan de 1974 a
1977. Por resumir la situación, se puede decir que en estos primeros años las
Asambleas y las experiencias a nivel de Consejos de Fabrica y Delegados son
bastante puntuales y muy a menudo sindicatos y partidos tratan de utilizarlas;
pero luego se convierten en herramienta constante y en función de ellas se
articula el movimiento de trabajadores. Se crean grupos públicos y unitarios y
partidos y sindicatos se ven obligados a aceptar la auto-organización obrera. Así
que no debemos sorprendernos si l*s protagonistas se nos muestran optimistas,
fuertes y plen*s de ilusión. Much*s se desenvuelven en las fabricas. En los
años postreros del franquismo, ya superado el Sindicato Vertical, l*s
trabajador*s encontraron estructuras nuevas y funcionales. Se reunían en
fabricas, en torno a temas tanto laborales como políticos o represivos. El
punto de reunión natural era la fabrica: obligaban al patrón a aceptar las
asambleas. Cuando por efecto de la represión ya no se pueden reunir en las
fabricas, convierten a la ciudad en espacio de libertad (plazas, iglesias,
sociedades, etc.), y si no, al monte, para reunir a mucha gente. Las reuniones
en los montes, l*s propi*s trabajador*s hacían controles en los caminos, bien
para impedir la entrada a los chivatos, bien para avisar de la llegada de la
Policía. La Asamblea era el lugar principal: allí se debatían y decidían las
acciones. Para desarrollar un trabajo continuado, l*s trabajador*s elegían sus
Comisiones, l*s militantes mas motivad*s formaban Comités de Empresa o los
Consejos de Empresa. Al fin y a la postre, la Asamblea era lo primero; Comités
y Consejos debían dotarle de estabilidad y continuidad, sin caer en el
sustituísmo. En este orden de cosas se admitía la violencia, para responder
tanto a la Policía como a las provocaciones, y también para realizar el
sabotaje especifico en la fábrica. En la ciudad, en las calles, la lucha esta
también muy presente. Ya en 1967 en Rekaldeberri comienzan a funcionar las
Asociaciones de Vecinos en el área del Gran Bilbao. Luego se extienden a toda
Euskal Herria: en 1969 Donosti y Renteria, en 1970 Iruñea y en 1974 Gasteiz.
Junto a ellas, y a imagen de estructuras que se iban generando en las fabricas,
existían los Comités de Barrio, propiciados por los militantes mas politizados.
Estos comités son muy activos en Nafarroa y Gipuzkoa primordialmente hasta el
año 1975. Más tarde, con la legalidad democrática, se integraron en las AAVV.
Esta lucha urbana tenia sus ámbitos concretos. El tema urbanístico era muy
importante, por ejemplo, en el caso de Renteria. También lo eran las acciones
pro amnistía o contra la represión. Y la fiesta. Quien buscaba la libertad
quería toda la libertad, y a ser posible, toda a la vez. Perseguía la
revolución social, la independencia, y como no, la libertad individual, la
felicidad. La fiesta popular le daba al militante un amplio espacio para
conjugar lo general y lo diario. Y, precisamente, conviene recordar que la
imagen popular de las fiestas de Bilbao arranca en 1978, por medio de las
konparsas y la iniciativa de Txomin Barullo: l*s de estos grupos no eran
autónom*s, pero si revolucionari*s y amantes de la libertad, como el mismo
ambiente lo era. Esta lucha urbana tenia también estrechas relaciones con el
movimiento obrero. Recordemos Gasteiz: 1976, días duros e intensos; tres meses
en huelga, asambleas, manifestaciones, represión...; los cinco muertos del 3 de
marzo. En los barrios de Zaramaga y Adurtza, sobre todo, las luchas de obreros
y ciudadanía en general iban de la mano. Estaba fijada en las asambleas, pero
tocaba a toda el pueblo. Otros movimientos sociales también se ubicaron en las
practicas colectivas de nuestra sociedad. El mas extendido, el antinuclear. El
tema no sólo era parar Lemoniz: antes bien, se hicieron profundas reflexiones
sobre el consumo y la forma de vida, para condenar la lógica del productivismo
y para imaginar y practicar modos alternativos. Mucha gente se movilizó
alrededor de fiestas, reuniones, acciones y manifestaciones: el 14 de julio de
1977 200.000 personas nos reunimos en Bilbao. La lucha armada de ETA tuvo gran
importancia para parar Lemoniz; cierto es que much*s vieron mal ese
protagonismo armado, pues resultó dañino para una forma de entender las cosas
que iba mas allí de las nucleares. Pero lo que aquí se quiere resaltar es la
presencia del movimiento y su aceptación social. También en estos años se
extiende el feminismo. La igualdad es parte indispensable de la libertad:
much*s militantes sienten que la acción de la mujer es ingrediente principal
dentro de un nuevo orden que se quiere plasmar en el día a día. El hombre no
puede ser revolucionario si explota y desprecia a la mitad de la población y la
mujer no puede ser revolucionaria si desprecia y humilla a su propio sexo. Era
grande la influencia del feminismo en militantes de los dos sexos y entre l*s
autónom*s cabe perfectamente la personalidad de algunas mujeres. El
antimilitarismo es componente ideológico de la Autonomía. El rechazo y
desconfianza hacia esa casta militar que secuestra y monopoliza el poder
armado, el poder matar, resultan evidentes. En la calle, sin embargo, las
formulaciones no son todavía muy claras. L*s autónom*s preconizaban la
deserción, pero tal opción requería un alto nivel de compromiso. Posteriormente
los jóvenes han dado con la vía de la lucha insumisa y en ella hay hoy much*s
que entonces eran precursor*s. Otros espacio especial era la libertad de l*s
pres*s, la amnistía y la destrucción de las cárceles. El MLNV le daba amplitud
a esa lucha y l*s autónom*s trabajaron a tope en las campañas a favor de l*s
pres*s abertzales. Pero le confirieron un carácter muy especial, tomando parte
también en acciones a favor de presos comunes y realizando una critica durísima
del sistema carcelario y represivo. En esto último también anduvieron bastante
sol*s. En general, nuestr*s protagonistas participaban de un ambiente muy vivo
y en una forma muy natural a la hora de unir practicas militantes y cuestiones
mas populares. La participación en asambleas era masiva y abierta y estar allí
daba una sensación satisfactoria: la militancia no era algo pasado de moda,
hecho en la oscura clandestinidad, aparte del pueblo y las personas. En la
fabrica con l*s compañer*s, en calles y montes con l*s vecin*s; como pez en el
agua, totalmente identificad* de principio a fin. La necesidad de coordinación
entre fábricas era también algo natural. Además, no como ahora, no era ninguna
sorpresa que si en una fabrica ocurría algo saliese a la huelga la de al lado
en una expresión de solidaridad. Y todas esas luchas veían una necesidad de
coordinación, o sea, un trabajo conjunto permanente y activo entre iniciativas
y organizaciones de carácter autónomo. Para ello no se admitía la dirección de
un grupo organizado dirigente: partido o.sindicato, era igual, pues ninguno iba
a ser el guía de las masas. La generalidad para poder integrar las luchas
parciales vino de abajo y para nada como algún grupo dirigente inventaria. Si
la Autonomía no aceptó el dirigismo, tampoco tragó el ultraizquierdismo que
negaba la necesidad coordinativa. En muchas experiencias tomó parte la
coordinación con sus dos objetivos, transparencia y eficacia, sobrellevados el
uno con el otro. En este contexto, se acepta la necesidad de la lucha armada
desde el comienzo. El franquismo era consecuencia de una sangrienta guerra
civil; en lo que a legitimidad respecta, ni ell*s ni el pueblo tenía problema
para aceptar la génesis directa de la lucha armada. Habla muchos ejemplos en la
historia de la lucha contra el capitalismo, tanto en el Tercer Mundo como en
Europa. L*s autónom*s de Italia es la experiencia mas tenida en cuenta en cada
etapa. Para expulsar al explotador se ve claro el empleo de la fuerza. En una
palabra, el propio ambiente pedía la lucha armada y, en general, tenía la
aceptación de la mayoría; todo el mundo no tenía igualmente interiorizada esa
aceptación, pero al menos casi siempre la Justificaban al ser contra el
fascismo. En montes, fábricas y calles la dignidad pide respuesta contra
chivatos y policías, vista la chulería y la violencia con que nos trataban. Y
la primera medida de la lucha armada, esto es, la respuesta inmediata de quien
esta pisad* era una cosa evidente. Luego el asunto es la lucha armada
organizada, dentro de un grupo militar o cuasimilitar... A esto iremos luego,
pues primero hay que aclarar la situación general. Dentro de l*s autónom*s la
mayoría acepta la lucha armada. Como respuesta justa, como ayuda y alargadera
de otras luchas y como inexorable necesidad para poder tirar abajo el sistema capitalista,
no se dudaba de la lucha armada. La opción de ETA les parecia correcta en
Euskal Herria. Ell*s planteaban de otra forma la relación entre pueblo y
militante, y veían de otro modo el camino para conseguir la independencia. Pero
siempre le tuvieron a ETA un gran respeto. Los CCAA hicieron muchas acciones en
solidaridad con militantes de ETA: y cuando la Autonomía fracaso más de un*
autonom* entró en ETA.
